El eje del conflicto radica en el direccionamiento de los recursos del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL). Según denunció Kicillof, el Poder Ejecutivo retiene estos fondos de asignación específica —originalmente destinados a la infraestructura vial— para utilizarlos en la especulación financiera y el pago de intereses de la deuda. La situación fue admitida de forma indirecta por el propio vocero presidencial, Adrián Ravier, quien reconoció que el Ministerio de Economía, conducido por Luis Caputo, retiene parte de esos recursos para cumplir con las metas macroeconómicas.
El impacto de este torniquete financiero se siente con fuerza en la infraestructura de todo el país. Informes sectoriales advierten que el Estado nacional acumuló más de $1,35 billones del impuesto a los combustibles sin ejecutar. Como consecuencia directa de la parálisis de las obras de mantenimiento, entre el 65% y el 70% de las rutas nacionales se encuentran actualmente en un estado crítico o intransitable, transformándose en un peligro diario para la producción y los conductores.