El paisaje original estaba dominado por un extenso monte, un gran tinglado rústico que funcionaba como sede administrativa y un sector de parrillas. Los fines de semana, el sonido característico del lugar no eran las pelotas picando, sino los estruendos de las escopetas. Allí se practicaba tiro al blanco y tiro a la paloma, una actividad que, con el crecimiento urbano de Alejandro Korn, progresivamente comenzó a quedar descontextualizada y cuestionada por los vecinos de los barrios linderos.
MITOS Y ANÉCDOTAS DE UN PASADO PECULIAR
En el folklore del viejo club quedaron registradas historias que pintan de cuerpo entero la idiosincrasia de la época, marcadas por las costumbres de un circuito cerrado de tiradores:
La leyenda de la "Paloma Fugitiva": El tiro a la paloma era la práctica estrella. Una tarde de viento, un ave logró esquivar todos los perdigones y voló directo a una quinta vecina sobre Avenida América. Detrás de ella salió un cazador entusiasmado con la escopeta al hombro. El dueño de la quinta, que tomaba mates en el patio, lo sacó corriendo a los gritos con un rastrillo en la mano. A partir de allí, el club debió ajustar estrictamente sus ángulos de tiro para no invadir la privacidad vecinal.
El asado que casi incendia el monte: El viejo tinglado era famoso por sus masivas "comilonas" de camaradería. En un caluroso almuerzo de verano, un descuido del asador oficial hizo que las chispas de las parrillas volaran hacia los pastizales secos del monte. Los socios debieron dejar las escopetas y los vasos de vino para apagar el fuego a los golpes con palas y bolsas de arpillera. El banquete terminó con la carne fría y todos los cazadores tiznados de negro de pies a cabeza.
Las apuestas clandestinas y el "Tirador Fantasma": Detrás de los alambrados se movía un circuito informal de apuestas entre comerciantes adinerados de la región. En los años 70, apareció un hombre misterioso con una escopeta vieja y desgastada. Los habitués le apostaron fuertes sumas creyendo que era un improvisado; el "fantasma" arrasó en el torneo sin errar un solo platillo y se llevó los bolsillos llenos. Tiempo después se supo que era un tirador de alta competencia encubierto que recorría los clubes del conurbano por pura diversión.
EL ABANDONO Y LA AMENAZA DE USURPACIÓN
Hacia finales de la década de los 90, el club entró en una decadencia institucional irreversible. Con comisiones directivas que se disolvieron, juicios laborales acumulados y una deuda impositiva millonaria, el predio quedó en un estado de total acefalía.
El lugar se convirtió en un "gigante dormido" y un peligro latente. Al ser un terreno tan amplio y estratégicamente ubicado sobre la Ruta 210, durante los años de abandono estuvo bajo la constante amenaza de tomas ilegales de tierras. La comunidad corría el riesgo de perder para siempre un espacio verde clave, mientras el viejo galpón de los cazadores se devoraba por el óxido y los pastizales.
LA PIEDRA FUNDACIONAL: EL PASO AL FRENTE DE BRÍGIDA MALACRIDA DE ARCURI
El verdadero quiebre en la historia del predio ocurrió bajo el mandato de la intendenta Brígida Malacrida de Arcuri (1995-2003). Fue ella quien, ante el avanzado estado de abandono del Club de Cazadores y la urgente necesidad de dotar a Alejandro Korn de espacios públicos, tomó la firme decisión política de avanzar con la expropiación y declaración de utilidad pública de las tierras.
Sin embargo, aquella gestión debió lidiar con feroces trabas burocráticas y políticas: la legislación provincial de expropiaciones exigía acreditar deudas fiscales masivas y la total acefalía del club, lo que derivó en un extenso litigio contra antiguas comisiones que reaparecían legalmente solo para frenar el avance municipal. Además, la intendencia de Malacrida de Arcuri tuvo que batallar contra el contexto de la profunda crisis económica de 2001, lo que congeló los fondos destinados a convertir el lugar en el polideportivo soñado, dejando el terreno bajo custodia municipal para evitar usurpaciones masivas mientras la burocracia provincial demoraba la transferencia definitiva de los títulos de propiedad.
EL LABERINTO JUDICIAL Y EL IMPULSO FINAL
Luego de atravesar disputas legales que se estancaron durante diferentes administraciones locales, el paso definitivo para consolidar la posesión legal absoluta, limpiar los títulos de propiedad obsoletos y avanzar con la gigantesca obra pública del complejo actual se consolidó bajo la gestión del de la intendencia conducida por Nicolás Mantegazza.
Para lograr la reconversión final a una arena deportiva de vanguardia, se debieron sortear las últimas trabas estructurales:
Ingeniería financiera en épocas críticas: Ante los drásticos recortes de fondos a nivel nacional, la intendencia tuvo que rediseñar el máster plan por etapas, costear los primeros cimientos con recursos locales propios y tejer alianzas clave con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
El aval del fútbol grande: El municipio firmó acuerdos estratégicos con la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) para dotar al predio de infraestructura reglamentaria profesional, elevando el proyecto de un polideportivo barrial a un estadio de jerarquía.
EL PRESENTE: EL GALPÓN RECICLADO Y EL RUGIDO DEL ESTADIO
La elección del nombre "Padre Carlos Mugica" no fue casual: simbolizó el paso de un espacio privado, restrictivo y de armas hacia un foco de inclusión comunitaria, deporte social y contención para los jóvenes de los barrios más postergados de Korn.
La transformación edilicia guardó pequeños guiños de su pasado:
El gimnasio de alto rendimiento: El histórico y rústico tinglado donde los cazadores guardaban herramientas y hacían sus almuerzos fue restaurado por completo. Hoy funciona como el centro de entrenamiento de los atletas de San Vicente.
El Microestadio Cubierto: Un gimnasio moderno con piso de parquet profesional y capacidad para más de 2.000 personas donde hoy se respira futsal, básquet y handbal
Estadio Ciudad de San Vicente: La joya del complejo. Una cancha de césped sintético certificada, con tribunas de cemento que albergan a 8.000 personas, donde hoy ruge la hinchada del Club Estrella del Sur en los torneos oficiales.
Donde antes se disparaba a las palomas y reinaban las deudas y el abandono, hoy miles de chicos de Alejandro Korn corren detrás de una pelota, escribiendo el capítulo más luminoso de un predio que recuperó su vida gracias al esfuerzo público y vecinal.
NOTA; FOTO DE LA EPOCA TIRO A LA PALOMA (RESTAURADA)